viernes, 29 de junio de 2007

NO HAY VICTORIA SIN SACRIFICIO" - Por Luis David Martí

El próximo 4 de julio, por cierto día de la independencia de los Estados Unidos, se estrena la película TRANSFORMERS. Encontré esta sinopsis de la película que dice: “Hace muchos siglos, dos razas de alienígenas robóticos, los Autobots y los Decepticons, empezaron una guerra por el destino del universo. Cuando la batalla llega a la tierra, lo único que separa a los malvados Decepticons del poder absoluto es el joven Sam Witwicky que representa la última oportunidad para la supervivencia de los seres humanos. El mundo depende de Sam, que por fin entiende el sentido del lema de su propia familia: No hay victoria sin sacrificio”. Además de ser un fanático del cine y especialmente de Steven Spielberg, hay mucho de lo que podríamos aprender de esta película.



La guerra entre los Autobos y los Decepticons representa en gran parte la batalla espiritual que libramos cada día en nuestras vidas. Y por cierto, es una batalla real. Mira, efesios 6:11-12 lo pone así:
“Protéjanse con la armadura que Dios les ha dado, y así podrán resistir los ataques del diablo. Porque no luchamos contra gente como nosotros, sino contra espíritus malvados que actúan en el cielo. Ellos imponen su autoridad y su poder en el mundo actual”

Por otro lado, ¿Qué harías si el mundo dependiera de ti para salvarse? ¿Estarías dispuesto a sacrificarte por salvarlo? Jesús si lo hizo. Y no fue una actuación de película como la de Sam el protagonista de Transformers. Jesús sí vino al mundo como la ÚNICA opción de salvación para la humanidad, y definitivamente él no obtuvo la victoria sobre el pecado sin antes sacrificarse a sí mismo muriendo en una cruz por ti y por mí.

Por último, es emocionante ver los efectos especiales en esta película en donde los autos, aviones, helicópteros, camiones, se transforman en segundos en robots con grandes poderes. Creo que muchos de nosotros quisiéramos tener esa habilidad. Solo te dejo un desafío: “No os conforméis a este siglo, sino TRANSFORMAOS por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta” Romanos 12:2
Por Luis David Martí

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