¿Alguna vez te has encontrado con la duda de salir o no con tus compañeros de universidad? Probablemente esto no aplique a todos tus compañeros o amigos, pero sí me refiero a que hayas tenido la oportunidad de asistir a alguna celebración de cumpleaños, graduación u otro evento social y lo hayas pensado muchísimas veces, porque sabes que generalmente van a estar bailando o tomando y esto no es lo tuyo… o algunos precisamente por esto irán. ¿Cuáles son tus criterios para decidir si irás o no? ¿Es la vida nocturna algo malo ante Dios?
Quiero ayudarte a estar preparado para que al momento de tomar tus decisiones podas hacerlo con firmeza y total naturalidad.
Por ello te haré algunas preguntas para que las reflexionés y respondás:
¿Por qué tus amigos salen los viernes o sábados a bailar? ¿Por qué generalmente consumen alcohol en los lugares que frecuentan? ¿Cuáles son los lugares donde van? Es frecuente que una disco esté ambientada con poca luz, efectos de iluminación y mucha intensidad de sonido. ¿Qué se busca con esto? ¿Por qué generalmente salen de noche y no de día? ¿Te cuesta decirles no a tus compañeros o amigos cuando te invitan a salir? ¿Por qué podes ver a muchos de ellos disfrutando el ambiente, y el siguiente día deprimidos sin una razón de vivir? ¿Si alguien de la iglesia, se entera que tu estas en estos lugares, que pensará?
¿Te has preguntado si tener una vida nocturna está mal? Te recuerdo que es más fácil que te lo prohíban porque así no tenés que pensar en todas las implicaciones del caso, evitas ponerte a pensar en los errores que todos conocemos y que rodean a estar llevando una constante vida nocturna: Accidentes de tránsito por imprudencia o por abuso del alcohol, peleas por esto mismo, gasto innecesario de dinero, desenfoque de responsabilidades, etc. Pero creo que debes aprender a reconocer el bien y el mal, a vivir de la misma manera en tus diversiones nocturnas y en la iglesia, para no caer en la hipocresía, que tanto desagrada a Cristo, y por lo tanto debes crear un criterio basado en su palabra.
La Biblia dice que “Todo me es lícito, pero no todo conviene, todo me es lícito pero no todo edifica” 1ª de Cor. 10:23 El que tiene amplia vida nocturna está en todo su derecho, porque al Cristiano “Todo le es lícito”, todo le está permitido en Cristo porque el ya nos hizo libres. Pero, sinceramente creo que no es conveniente porque no solamente compartes buenos momentos, sino que ESTAS DEMASIADO EXPUESTO a ser tentado por los engaños de una falsa imagen, de un chic@ inconverso, de permitirte entrar al mundo del alcohol, de consentir pecados en la vida de los demás y comenzar a consentirlos en la tuya, etc. Aún el siguiente versículo nos invita a pensar no solamente en nosotros, sino también en los demás “Ninguno busque su propio bien, sino el del otro” 1ª de Cor. 10:24 y “Pero mirad que esta libertad vuestra no venga a ser tropezadero para los débiles” 1ª de Cor. 8:9 esto porque también debemos cuidarnos de hacer dudar a otros de nuestro compromiso con Cristo; por amor a otros, a veces es mejor abstenernos de hacer algo.
Debes procurar hacer lo mejor en todas las áreas de tu vida, inclusive en tu diversión. Entonces te invito a pensar en estos aspectos y a desarrollar el criterio de diversión que vas a tener en tu vida, el desenfreno nunca será algo bueno. Con esto tampoco considero que no tengamos la oportunidad de salir con nuestros amigos, pero si te invito a cuidar si lo que estás haciendo es la mejor elección y si estás dejándote influenciar por este estilo de vida, del que muchos jóvenes al día de hoy, están sin poder salir.
Te invito a buscar en los demás jóvenes de la RED a tus verdaderos amigos, aquellos con los cuales podás compartir las cualidades que Dios te ha dado y permitirte también crecer junto con ellos. Crea amistades fuertes y duraderas, si nos proponemos esto, los demás verán que hay amor y querrán conocer al amor que Cambió el rumbo de nuestras vidas. Creo que si alguien tiene el mejor criterio de diversión es nuestro Señor Jesucristo y creelo, ¡no es nada aburrido! Pensalo.
Artículo por César Meléndez
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